domingo, 29 de julio de 2018

Acerca de una leyenda montevideana, una playa, Ruibal, Drexler (y yo).

Cuando llegaba el verano a Montevideo, yo que vivía a tres cuadras de Playa Honda me pasaba el día en la playa.
Pero a la tarde, cuando la multitud comenzaba a llegar, con el Tano Di Martino nos íbamos caminando hasta la Playa de La Mulata. Es una playa pequeñita que está entre Playa Verde y Carrasco y como hasta ahí no llegaba ningún ómnibus o autobús, siempre había muy poca gente.
Sobre la Rambla, había varios ranchos de pescadores, los que por la tarde ofrecían su pescado fresco. Uno de ellos nos contó que a esa playa también se la conocía como Playa de los Piratas, porque según la leyenda, frente a sus costas había encallado un galeón español que transportaba arcones con monedas de oro.
Uno sabe que los pescadores son muy mentirosos pero a mis 15 años yo me fascinaba escuchando aquellas historias. El mismo pescador nos contó que la misma leyenda decía que todos los días venía una pareja caminando desde el Barrio Palermo. Él se metía en el río que quiere ser mar y nadaba y nadaba… ella lo esperaba a la orilla de la playa.
Así fue que un buen día, él regresó con cuatro monedas de oro entre los dientes. 
Se abrazaron mucho… pero mucho. 
Él le ofreció casamiento y ella que lo miraba orgullosamente enamorada. 
Y la historia se repitió durante un buen tiempo, él regresaba nadando con monedas de oro entre los dientes. Hasta que un buen día cambió el viento y el río se volvió mar. Cambió la corriente y subió la marea y él braceaba y braceaba hasta que ella dejó de verlo. 
Ya no lo vio más. 
Esa noche el mar volvió a ser río y como siempre hace, cada vez que alguien lo reta a duelo, él vence. Pero como buen noble que es, deposita sus cuerpos inertes en Playa Ramírez. 
Esto fue lo último que nos dijo el pescador y se fue. Volvió a sus redes y demás artes de pesca. 
Ese día, con el Tano Di Martino nos metimos en el agua pero solo hasta las rodillas… no vaya a ser que cambiara el viento. 
Pasaron los años. 
Muchos años… hasta que casi de rebote, escucho a uno de mis cantautores españoles favoritos cantar una canción con aires de candombe, más precisamente a milongón. Javier Ruibal, nacido en el Puerto de Santa María, provincia de Cádiz, compuso una canción llamada “La Playa de La Mulata”. 
Me emocioné al escuchar aquella historia que nos había contado el pescador hecha canción. 
Pero cómo llegó hasta Ruibal aquella leyenda? Resulta que Jorge Drexler si mal no recuerdo, vivió muchos años en una casa que estaba en la bajada de Coimbra y la Rambla, a pocos metros de La Mulata. Y tal vez haya sido el mismo pescador que le haya contado a Jorge la historia. 
Quién lo sabe? 
Lo cierto es que a Ruibal le piden una canción inédita para un programa de música de Mediaset (el mayor lobby mediático de España) y el gaditano va y les canta “La Playa de la Mulata”. 
Toda historia merece cerrarse o tener su final para que sea una historia verdadera. 
Cádiz y Montevideo tienen una unión visceral, que ni ellas mismas pueden entender ni explicar. 
Cuando Javier Ruibal festejó sus 35 años sobre los escenarios hizo un concierto de dos días que fue de una intensidad y emotividad que te desborda. Entre los invitados estaba Jorge Drexler y juntos cantaron como no podía ser de otra manera la canción de Ruibal sobre aquella leyenda. 
Así se cierra la historia. Ruibal, Drexler, el Pescador, La Playa de la Mulata el Tano Di Martino y yo, que hoy aquí desde Madrid, con 33° y a casi 400 km. de la playa más cercana, recuerdo aquellos días, de aquel tiempo de cuando pensábamos que teníamos todo por delante. 

Cante Ruibal… cánteme la canción de La Playa de La Mulata, quiere?


No hay comentarios: