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| Alfonso Cano |
"...los que resistieron murieron
y los pocos que se salvaron han partido
huérfanos de símbolos de arados y sin música
con un reguero de huesos rotos en la memoria
a re-fundar su historia en otras tierras
con hilachas con ollas vacías sin semillas."
Mauricio Vidales (frag. "Del silencio cómplice que brilla")
En el día de ayer, el líder de las FARC Guillermo León Sáez "Alfonso Cano", murió en un enfrentamiento con el ejército colombiano en el departamento del Cauca (Colombia).
Alfonso Cano, un antropólogo nacido en Bogotá, era desde hace más de 30 años, uno de los principales teóricos del marxismo y el mayor ideólogo de las FARC.
Participó como delegado de las FARC en las conversaciones de paz que éstas mantuvieran con el gobierno colombiano en 1990 y 1992.
Desde la muerte de Manuel Marulanda (Tirofijo) en marzo de 2008, Alfonso Cano pasó a dirigir las FARC.
Hoy, llegan desde Colombia y así lo recogen los medios españoles casi en su totalidad, la idea de que el fin de la lucha de las FARC está próxima.
Lo que no dicen esos medios, es que mientras no se solucione el drama en el que viven más de 4.000.000 de colombianos desplazados de sus tierras por las grandes corporaciones multinacionales, mientras continúen los ataques de los grupos paramilitares ("paracos"), armados y protegidos por el gobierno, los terratenientes y la CIA, mientras todo esto no se resuelva, las FARC seguirán teniendo su razón de ser.
Una guerrilla que sí bien es cierto ha disminuído en el número de integrantes, no menos cierto es que hay más de 10.000 compañeros y compañeras, que al igual que el Compañero Alfonso Cano, están dispuestos a dar su vida por una Colombia digna, justa y solidaria.
La misma Colombia por la que una vez nos juramos el poeta Mauricio Vidales y quien esto escribe, emborracharnos en Bogotá, debajo del balcón donde Manuelita Sáenz ayudó a escapar a Simón Bolívar de quienes le perseguían.
La Colombia solidaria, patria de mi buen amigo Gustavo, quien aún sigue viviendo en Atlanta y con el que en noches blancas por la nieve, nos consolábamos intercambiando fotos de hijos y familias.
La Colombia del Gabo García Márquez, del mismísimo poeta y hermano de vida Mauricio Vidales, de Amparo Osorio.
La Colombia de Totó la Momposina, del gran Joe Arroyo, de Marta Gómez.
La Colombia de Patricia Ariza, de Santiago García y del maestro Enrique Buenaventura, quien junto a Atahualpa Del Chioppo revolucionarion el teatro latinoamericano.
Patria dulce, novia permanente.
Por todos los perseguidos, los desaparecidos, los desterrados, los desplazados.
Y por todos nuestros muertos.
(A-mén)
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