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sábado, 25 de mayo de 2013

Vidala para mi sombra.



"A veces sigo a mi sombra
a veces viene detrás,
pobrecita si me muero
con quién va a andar."
Julio Santos Espinosa

Escuchando la Radio del Gato, Jorge Cafrune decía y también cantaba, la "Vidala para mi sombra".
Y me detuve a escucharla.
Porque eso de "pobrecita si me muero, con quién va a andar" es un asunto muy serio.
Esos versos de Julio Santos Espinosa, poeta argentino nacido en Salta, fueron escritos con la tristeza de las almas tristes.
No puede haber otra forma de hacerlo.
Y qué hija de puta que es la muerte!
Cómo sabe de música!
Los hombres y mujeres del norte argentino saben de historias y justamente una de ellas cuenta que el bueno de Manuel Castilla trataba entre vino y vino, que don Julio no le escribiera a la muerte. Que eso era muy peligroso porque la muerte se enamora de uno y entonces viene y se lo lleva. Y don Julio, que entraba y salía del hospital cada pocos días, seguía escribiéndole a la muy puta.
Cuentan también, que cuando el poeta escuchó la grabación que realizara Atahualpa Yupanki de su vidala, bebió lentamente un sorbo de vino y dijo bajito: -No me convence la interpretación.-
Y dijo esto sin saber que en la voz de Atahualpa, él también estaba entrando en la leyenda del folcklore argentino. Al día de hoy, su "Vidala para mi sombra", es el segundo tema más grabado de la música argentina. Desde aquella primera grabación de Yupanki, pasando por Jorge Cafrune, los Falú, Mariana Carrizo, Pedro Aznar y tantos más.
Y no solo en Salta los hombres y mujeres cuentan historias.
Eso también sucede y mucho en Montevideo.
Y allí cuentan que al poco tiempo de morir Alfredo Zitarrosa, alguien encontró en su departamento de Malvín, allí en Almería y Concepción del Uruguay, una caja llenita de cintas con grabaciones inéditas de Alfredo.
De una de esas cintas se pueden escuchar a Zitarrosa y su alma., ambos cantando "Vidala para mi sombra". Y me lo imagino a Alfredo cantando y sintiendo esas estrofas de Julio Santos Espinosa como propias. Cántandole y hablándole a su sombra, rogándole que no se olvide de él, derramando su propio vino para que la vida beba con él. Y si acaso llegada la muerte, que sea ella, su sombra... la que brinde por él.
Y al rato de escucharlo a Alfredo nomás, me fui a caminar al bosque.
El sol tibio bañándome de tibieza.
Y cada tanto miraba hacia atrás, para saber si estaba mi sombra.

Vidala para mi sombra (Julio Santos Espinosa)

A veces sigo mi sombra
a veces viene detrás,
pobrecita si me muero
con quién va a andar.

Achatadita y callada,
dónde podrás encontrar
una sombra compañera
que siga igual.

No es que se vuelque mi vino,
lo derramo de intención,
mi sombra bebe y la vida
es de los dos.

Sombrita cuidame mucho
lo que tenga que dejar,
cuando me moje hasta adentro
la oscuridad.

lunes, 9 de enero de 2012

Adiós Madrid...

Plaza de Chueca - Diciembre 2011


Adiós Madrid - Alfredo Zitarrosa


"Dulce Madrid, dura Madrid,
duele Madrid, tierna Madrid.
Yo hubiera sido en tus calles
un niño perdido, si hubieras querido
arrojarme y odiarme"
(A.Zitarrosa)

Se va cerrando el ciclo.
Las agujas del reloj llevan prendida la ansiedad.
Tirando viejos papeles escritos, seleccionando lo poco que puedo llevarme.
En pocas horas se cortará el servicio de internet.
Será éste entonces el último post que escriba desde España, al menos por un buen tiempo.
Porque siento que ésta tierra de poetas y guitarras al sol, de gente buena que llena los bares y tabernas... ésta tierra fue mi casa durante más de ocho años.
No se me ocurre decir más nada. Todo me parece poco.
Pero ésta ciudad que aún hoy habito, es y seguirá siendo una ciudad generosa.
Lugar donde habitamos los que aquí nacieron y los que aquí llegamos.
Toda gran ciudad puede llegar a ser un lugar frío, inhóspito... duro.
Pero Madrid no lo es.
Aquí me siento más gato que nunca. Jamás extranjero.
Porque una ciudad es ella y su gente o no será.
Y Madrid lo es.
Vaya que lo es...
Carabanchel será como antes lo fue Malvín, mi barrio querido.
Me voy en paz.
Me voy con la sonrisa de haber querido y de haberme sentido querido por esta ciudad y su gente.
Nada de reproches. Todo agradecimiento.
Y en Madrid simbolizo todo lo bueno que viví en este país, en esto que Miguel Hernández llamaba "Los Pueblos de España"... porque quien no entienda esto, no sabrá nunca que es España.
Me llevo y para siempre, la luz de Madrid.
Esa misma luz madrileña a la que el entrañable Alfredo Zitarrosa le cantó cuando dejaba su exilio madrileño para irse a vivir a Méjico.
A esa Madrid que Alfredo le cantó es la misma que me llevo prendida en la solapa.
Orgulloso de haber vivido en ella.
De haber caminado sus calles empedradas de La Latina, de haber aprendido en Lavapiés de una puta vez y para siempre que era eso de la integración (que no asimilación), de haber crecido mientras sentía Chueca como si nos conociéramos de toda la vida, de haberme sentido un vecino más en Carabanchel a la hora de comprar el pan o charlar de fútbol en la farmacia o elogiarle las tetas a la verdulera de la esquina.
Y todo me parece poco y yo me conozco y sé que cuando eso me sucede es porque no puedo con tanto amor y entonces ocurre que me empieza a llover por dentro y no... que no es tristeza sino que uno se enamoró de esta ciudad y sé que cuando por las noches montevideanas y porteñas se me aparezca Madrid, no será desde la tristeza... quenoqueno... que será orgullo y alegría por haber vivido en esta ciudad.
Nos vamos, como dice la murga... una vez más nos vamos.
Quien sabe cuando podré volver a actualizar el blog.
Pero allá vamos... al Sur.
Primero a pasar unos días en Montevideo y a comienzos de febrero... a instalarme en Buenos Aires, detrás de un proyecto cultural, tratando de cumplir uno de mis más queridos sueños.
Nos vemos pronto.
Mi mejor abrazo.

"Adiós Madrid" - Alfredo Zitarrosa

Dulce Madrid, dura Madrid,
corazón de regaliz.
Ya llegó abril, me voy de aquí,
cantaré en otro país.

Dulce Madrid, dura Madrid,
duele Madrid, tierna Madrid.
Yo hubiera sido en tus calles
un niño perdido, si hubieras querido
arrojarme y odiarme.

Tú crees que el sol es español
-sueños de tu corazón-
pero es verdad que una ciudad
puede estar lejos del mar.

Duele Madir, déjame ir,
yo para tí soy de maíz,
y es que nací donde en abril
nace del mar una planta de sal
que se extiende y allende Argentina
se inclina y convierte el maíz en harina.

Sabes Madrid, nada te dí,
tú me dejaste dormir.
Fui un arlequín, dulce Madrid,
soñando con mi país.

Adiós Madrid, vuelvo a vivir.
Dura raíz, siento al partir
que algo de mí se queda aquí
ya para siempre, la ardiente ilusión de quererte,
ser fuerte y dejarte, sin dejar de amarte.

Gracias Madrid
Esta canción que te entrego
también me la llevo.
Ha nacido de tí, Madrid.

lunes, 23 de agosto de 2010

Eduardo Darnauchans... Rescatando palabras (grabación inédita)

Eduardo Darnauchans en 1983 (foto gentileza de Fernando Da Rocha)

Tal vez por esa rara confluencia de caminos que siempre tuvimos con Eduardo Darnauchans... mi querido Darno, esta noche mientras escuchaba "Zurcidor" y pensaba en alguien muy querido... alguien que allá en el Sur anda necesitando abrazos, una vez más el Darno acude a la cita.
Vaya a saber uno qué es lo que hace que sucedan estas cosas.
Me llegó un correo de alguien que no conozco pero a quien le estoy más que agradecido. En su correo me contaba que un periodista de la revista "Entrebytes" (publicación ya desaparecida) le había realizado una nota a Darnauchans donde este hablaba sobre Alfredo Zitarrosa. La nota nunca se llegó a publicar y por eso hoy la hace más especial aún. Escuchar al Darno hablar de cómo conoció a Alfredo en casa del "Bocha" Benavídez, sus posteriores encuentros y su visión sobre el mito es un todo un documento. El periodista se llama Fernando da Rosa Morena y hay que agradecerle que haya remasterizado la grabación (extraída de una vieja cassette) así como también haber digitalizado la foto del Darno.
No es la primera vez que ocurre... cuando Cecilia necesita de todos sin excepciones... aparece el entrañable, el bueno de Darnauchans...
Al periodista Da Rosa, a quien me envió el correo con el archivo de la entrevista y al Darno, mi eterno agradecimiento... 
A la Ceci... mi mejor abrazo.
Lo comparto entonces...



Cuenta el periodista Fernando da Rosa:


“Lo que adjunto es una grabación de Eduardo Darnauchans, cuando le hice una entrevista para Entrebytes (una revista en CD-ROM que sacabamos con Posdata), la encontré revisando grabaciones viejas, creo que nunca fue publicada. 
El caso es que él cuenta una anécdota sobre Alfredo Zitarrosa y hablando de Alfredo también
dice mucho de él. La foto no se quien la saco, la encontré junto al cassette, sí se puede leer en el reverso, de su puño y letra, que dice "en mi "escritorio" de imprentaGarcía"(*) enero de 1983. Creo que valía la pena digitalizar la grabación y rescatarla.” (Fernando Da Rosa Morena)


(*) Por aquellos años, el Darno trabajaba como corrector para ganarse la vida, como tantos músicos y demás artistas uruguayos...)




.

jueves, 16 de abril de 2009

Montevideanas VIII

Dias atras Sali a caminar Malvin.
La tarde invitaba a dejarse llevar por sus calles.
Pensaba yo que no tenia itineriario fijo. Me equivoque. Una gran parte de mi historia esta en ese barrio. Parecia que el tiempo no hubiera pasado. El paisaje es el mismo. Los arboles son los mismos.
El jardin de la casa de al lado de lo de Beba, tiene aun aquellas enormes rosas rojas que nosotros cortabamos clandestinamente por las noches para obsequiarselas a las companeras que se afiliaban al Partido.
No... no era un robo, sino un acto revolucionario. Obviamente la duena de aquella casa no pensaba lo mismo.
Estuve largo rato sentado en el murito de la entrada del apartamento de Almeria y Yaco.
El sonido de las ramas meciendose, el perfume de las lavandas del cantero de la entrada...
Hasta me parecio escuchar las tumbadores del Pope Terevinto, la voz de Gabriela, la guitarra de Carlitos Vidal, las risas del Chiche Cabral, del Negro Yamandu Perez.
El olor de los guisos que preparaba el Flaco Leonardo...
Saque unas fotos a modo de despedida de aquel lugar donde tambien supimos ser felices.

De pronto salio un vecino del edificio y me pregunto si necesitaba algo, que no podia sacar fotos... el tono de su voz era amenazante, agresivo... pero note algo de miedo en sus gestos.
Me dijo no se que cosas de llamar a la policia...
Sin decir palabra alguna, me levante y me fui calle abajo.




Al llegar frente al edificio donde Alfredo Zitarrosa paso sus ultimos años de desexilio, hice lo mismo. Esta vez no salio nadie. Almeria 4731.
En ese apartamento conoci a Alfredo personalmente. Supe de su propia voz algunas historias que quedaran para siempre en mi memoria.
Años dificiles para Alfredo que desembocaron inexorablemente en su muerte.
Mientras para algunos Zitarrosa era el mito, yo descubri al hombre atormentado pero capaz de seguir enamorandose.
Pude comprobar tambien que era un gran jugador de truco. Como el mismo se definia... bondadoso para envidar. A mi me tocaba con 20 pero para mi siempre tenia 37 y de mano...
Locatario en el hoy desaparecido bar La Red o en lo del querido gallego Jose, el boliche de Almeria y Yaco. Pero lo que mas admire de sus ultimos tiempos, fue la humildad y respeto con que trataba a Numa Moraes, artifice de la publicacion de su libro de cuentos y del ultimo disco de Zitarrosa, llamado Sobre Pajaros y Almas.

Alfredo sabia ya que estaba jugando los descuentos y grabo el que para mi es uno de los mejores temas de su carrera.
Con el corazon en la mano y la guitarra del mismo Numa Moraes, Alfredo grabo un tema autobiografico llamado “Su alma”.
Me prodran decir lo que quieran, pero yo supe de boca del propio Alfredo que en esa grabacion puso sus ultimas energias y se desnudo ya para siempre.
Al poco tiempo Alfredo fue hospitalizado, entro en coma y a los pocos dias murio.

Recuerdo que durante su agonia, una mujer deposito en la ventana de Alfredo un ramo de rosas rojas. Y estuvo sentada frente a la casa de Alfredo hasta su muerte. No se si era Stephanie, quizas era aquella nina a la que Alfredo le canto su milonga... O a lo mejor, eran todas ellas en una misma mujer.
Y me fui nuevamente... calle abajo por Almeria.
Pero eso... mejor lo cuento otro dia.

Su alma

Su alma
Letra y voz: Alfredo Zitarrosa
Musica y guitarra: Hector Numa Moraes

La soledad son cuatro mundos: el de la mentira, el de la vergüenza, el del miedo y el de la soledad.
Quién pudiera amar después de roto!...
En el ciclo diario del despertar dormido al apetito de vivir, sentirse vivo y emborracharse así, vivo hasta dormirse nuevamente, lo que hacía era acariciar su poca alma, sus almas, tantas, hasta llenarse de ojos y aquel recuerdo. Era en la playa, cincuenta años atrás. Llovía. Hizo una casita de ramas y Alma dijo: tengo novio.
Por cierto su alma, bella mujer morena, se volvió loca cuando fue madre o, en todo caso, él era un borracho nada más. Pero aprendiendo el idioma ruso en cursiva, recordaba ayer, y lo intimaba a proseguir la caligrafía de su maestra de cuarto, que lo amó, lo mimó, le mostró a Fidias y le enseñó a remontar cometas.
¿Dónde vivían sus almas? ¿Dónde estaba su Alma...? Nunca lo supo ni hubo forma de averiguar. Pero estuvo envejeciendo y anduvo por caminos en los que nunca pudo confirmar aquel amor.
Está sentado ahí. Todos saben que es comunista, lo respetan, se sabe, es pobre y rico, generoso al convidar, al envidar y hasta para echar el resto. Confirmo, porque todos sospechan, que tiene miles y miles de compañeros almas y más.
De mujeres no se le sabe nada. Comentan de una pelirroja y cierta veterana patricia que lo visitaba en Playa Honda; pero como no habla todo es rumor. Qué edad tiene se preguntan los que lo ven cerrar la puerta, salir, saludar, irse a no se sabe dónde, y en síntesis se asume que es viejo.
–Tus ojos azules, Alma!– dijo una vez, sentado, en voz alta, solo, a las tres de la mañana– y después dijo en ese bar: yo que era un niño y no sabía dónde estaba tu alma verdadera ¿cómo puedo seguir amándote hoy?
Se dice que lloraba y seguía hablando acerca de los locos y sus pensamientos. Pero lo cierto es que lo encontramos, despierto, mirando al cielo azul, muerto boca arriba, claramente amanecido, a las seis de la mañana de esa noche, en la Rambla de Playa Ramírez.

(La puntuación y la ortografía son de Alfredo Zitarrosa)

jueves, 15 de enero de 2009

Alfredo Zitarrosa... que 20 años no es nada...


“Hago falta... yo siento que la vida se agita nerviosa si no comparezco, si no estoy... Siento que hay un sitio para mí en la fila, que se ve ese vacío, que hay una respiración que falta, que defraudo una espera..."

Pocas veces una ausencia duele tanto como la tuya.
Desde hace 20 años, en cada uno de sus días y de sus horas... nos seguís haciendo falta.
Y no nos acostumbramos a ello.
Parece que fue ayer cuante te llevamos desde el Teatro El Galpón... éramos miles, era tu pueblo. Hay muchos que hacen gárgaras con la palabra pueblo y no son capaces de superar tanta inmensidad. A vos sí. A vos el pueblo te eligió como su cantor.

Como bien dice el Pepe Guerra: “...Llevaban tu muerte allá adelante, pues se habían puesto de acuerdo sin más señas que el dolor que los unía... cosa seria. Era un río de gente silenciosa, te lo cuento para que lo sepas. Vos... que siempre te creíste poca cosa... Ese pueblo que te llevó esa tarde, libra su batalla cada día hasta en tres empleos trabajando y él, que lucha tanto por la vida, hoy deja su trabajo... se sacude, sale de sus casas para llevar tu muerte allá adelante... de traje, corbata y bien peinado...”.



Nadie le cantó a la vida y sus vicisitudes (como te gustaba decir) como vos, Alfredo. No hubo nadie igual...
Desque aquella noche en que enamoraste por primera vez a Elbia y Angelita a través de la pantalla del televisor. Ellas suspiraban y vos meta “Milonga de ojos dorados” y para colmo... vas y les cantás "Milonga para una niña".


Ya nada cambiaría el amor de esas mujeres proletarias por vos y tus milongas, por tu gomina, por tus trajes y por tus guitarras. Esto que cuento fue real, doy fe de ello. Ocurrió en una noche en plena Villa del Cerro, más exactamente en la esquina de Grecia y Carlos Ma. Ramírez, mientras vos cantabas en Discodromo presentado por Rubén Castillo.
Luego vinieron tiempos de estudiantes muertos en la calle, del fusilamiento de los compañeros de la secc. 20 del Partido... Dolor y no solo dolor. La bolsa de arpillera, la picana, el golpe, el submarino...

Los exilios, los tuyos... los internos y los externos... y nuestro aguantar las viejas banderas.
Lo hicimos como pudimos...
La generación del silencio nos llamaron... Dimos lo mejor de cada uno de nosotros. Caían los compañeros y nunca... nunca dejamos que la querida UJC, el Partido o el FA se nos cayeran.
Generación del silencio... si hasta fuimos capaces de fundar el PIT o mejor dicho... de sostener la CNT... así que generación del silencio... mirá vos.



Un día te conté lo que era para nosotros cuando los sábados a la noche, tratábamos de sintonizar Radio Moscú. Aún hoy se me pone la piel de gallina... A las 20 hs. comenzaba a sonar los primeros acordes de “Adagio a mi país”... Luego venía el informe semanal del Rodney y finalizaba el programa nuevamente con “... en mi país, que tristeza...” y todos nos quedábamos con aquella extraña sensación de que seguíamos en la lucha pero también que cada día nos sentíamos un poco más guachos...

Pasó el tiempo y allá fue tu pueblo a recibirte al aeropuerto.
Y Montevideo se cubrió de gente. Toda la Rambla.... hasta AEBU... llenito por todos lados.


Por aquella época yo vivía en Villa Biarritz y decidimos con un grupo de Compañeros del Comité del FA, ir a saludarte a la Rambla, justo donde desemboca Vázquez Ledesma... Detuvimos la caravana... Veo ahora tu foto... sonriente a través de la ventanilla de la Brasilia y haciéndonos la V de la victoria... no me olvido más de ese momento. Jamás volví a ver tanta alegría en tu rostro...


Luego la vida nos convirtió en vecinos. Los dos volvíamos al viejo barrio... Malvín. Y si bien vos eras más de ir al boliche “La Red”, no fueron pocas las veces que coincidimos en lo de José, en la mítica esquina de Almería y Yacó. No hubo ni habrá otra muzzarella como la que hacía el Tano Baptista... Recuerdo también alguna charla con el Vasco Urruzola (escritor y periodista de Marcha, preso de la dictadura) como aquella vez en que se armó terturlia contando anécdotas de los tiempos de Marcha, con Onetti incluído...
“Josesito... serví otra vuelta”... Esos eran los únicos días en los que José nos contaba sobre su infancia, el hambre y la guerra civil allá en Lugo...



Hoy... ya no están ni José, ni el Vasco, ni el Viejo Tuya ni el Rodney ni vos...
20 años, Alfredo...
20 años de tu partida y yo aquí...
Solo, malherido y recordándote... de traje, corbata y bien peinado.

"...Siento la tristeza o la ira inexpresada del compañero, el amor del que me aguarda lastimado... falta mi cara en la gráfica del Pueblo, mi voz en la consigna, en el canto, en la pasión de andar, mis piernas en la marcha, mis zapatos hollando el polvo... los ojos míos en la contemplación del mañana... mis manos en la bandera, en el martillo, en la guitarra, mi lengua en el idioma de todos, el gesto de mi cara en la honda preocupación de mis hermanos."

Guitarra Negra (Alfredo Zitarrosa)



Otras entradas sobre Alfredo en El Gato:
La canción y el poema (Alfredo e Idea Vilariño)
Desexilios (Alfredo Zitarrosa y Mario Benedetti)
A 34 años del golpe de estado
Alfredo Zitarrosa: La Milonsa sangrante

jueves, 19 de junio de 2008

19 de junio - Vidalita acordate de José Artigas...

boomp3.com
Karai Guasú le llamaron los charrúas. En lengua guaraní significa "Profeta" o "el ´más grande Señor".
Los pueblos argentinos de Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba, Corrientes, Misiones y la antigua Banda Oriental (hoy Uruguay) lo declararon "Protector de los Pueblos Libres".
Luchó contra todo despotismo. Combatió contra los imperios español, británico, portugués primero y brasilero después. Se enfrentó a las oligarquías de Buenos Aires y Montevideo.
Fue el primer estadista de toda la América Latina en llevar a cabo una reforma agraria (Reglamento de Tierras de 1815), expropiando los grandes latifundios y dándoselos a quienes la trabajaran. Los más beneficiados fueron los gauchos y fundamentalmente los indios que habían combatido a su lado en las montoneras revolucionarias. Para "que los más infelices sean los más privilegiados".

Luego de su exilio, Rivera... don Frutos Rivera, el eterno traidor, se encargó de devolver cada pedacito de aquellas tierras a la oligarquía ganadera y latifundista. Tanto era el prestigio de Artigas en el pueblo, que solo su nombre ponía nerviosos a los oligarcas porteños. Tan es así, que desde Buenos Aires, el Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Gervasio Posadas firmo un decreto declarando a Artigas "traidor a la Patria":


Art.1 - Se declara a don José Artigas infame, privado de sus empleos, fuera de la Ley y enemigo de la Patria.
Art. 2 - Como traidor a la Patria será perseguido y muerto en caso de resistencia.
Art. 3 - Es un deber de todos los pueblos y las justicias, de los comandantes militares y de los ciudadanos de las Provincias Unidas perseguir al traidor por todos los medios posibles. Cualquier auxilio que se le dé voluntariamente será considerado como crimen de alta traición. Se recompensará con seis mil pesos a los que entreguen la persona de don José Artigas vivo o muerto.

"El día que me quede sin soldados, pelearé con perros cimarrones"...
Traicionado una y mil veces, derrotado militarmente, con un ejército en harapos... fue entonces cuando se escribió la más bonita página de la historia uruguaya. La "Redota", el éxodo del Pueblo Oriental. Hombres, mujeres, niños y viejos... con lo poco que podían llevar a cuestas, incendiando sus casas y sus cosechas, todos emprendiendo la marcha hacia el Ayuí, todos detrás del viejo Artigas. Mientras los enemigos trataban de atacar aquella marea humana que se iba al exilio, los charrúas cuidaban la retaguardia. Será por eso que Rivera les juraría posteriormente su odio eterno.
El ideario artiguista nos marcó como pueblo para siempre. Su vigencia me sigue asombrando. Hoy que se cumple un nuevo aniversario del nacimiento de José Artigas, recuerdo aquella canción del Negro Alí Primera en donde un niño conversaba con la estatua de Simón Bolivar. El niño le preguntaba si no lo ponía contento que en cada aniversario, los gobernantes iban a visitarlo y depositaran flores a los pies de su monumento. Bolívar le respondió: Sabés en realidad a qué vienen? Para ver si estoy muerto... pero bien muerto...
José Artigas, el mejor de nosotros.

El siguiente texto pertenece a "Espejos", el último libro de Eduardo Galeano:
Artigas

La arquitectura de la muerte es una especialidad militar.
En 1977, la dictadura uruguaya erigió un
monumento funerario en memoria de José Artigas.
Este enorme adefesio fue una cárcel de lujo:
había fundadas sospechas de que el héroe podía
escaparse, un siglo y medio después de su muerte.
Para decorar el mausoleo, y disimular la
intención, la dictadura buscó frases del prócer.
Pero el hombre que había hecho la primera reforma
agraria de América, el general que se hacía
llamar ciudadano Artigas, había dicho que los más
infelices debían ser los más privilegiados, había
afirmado que jamás iba a vender nuestro rico
patrimonio al bajo precio de la necesidad, y una
y otra vez había repetido que su autoridad
emanaba del pueblo y ante el pueblo cesaba.
Los militares no encontraron ninguna frase que no fuera peligrosa.
Decidieron que Artigas era mudo.
En las paredes, de mármol negro, no hay más que fechas y nombres.

viernes, 16 de mayo de 2008

La canción y el poema (Idea Vilariño - Zitarrosa)

Cuentan que cuando Alfredo leyó este poema de Idea Vilariño llamado "La canción", se sintió tan conmovido que tomó su guitarra y no solo la hizo milonga... también escribió una estrofa.
Cuentan también, que cuando Idea la escuchó en vivo, se conmovió tanto que le pidió a Alfredo que la grabara con el nombre de "La canción y el poema".
Poesía y milonga...
Idea y Alfredo...

La canción y el poema (Idea Vilariño - Alfredo Zitarrosa)




Hoy que el tiempo ya pasó
hoy que ya pasó la vida
hoy que me río si pienso
hoy que olvidé aquellos días
no se por qué me despierto
algunas noches vacías
oyendo una voz que canta
y que tal vez es la mía...

Quisiera morir...
ahora... de amor.
Para que supieras
como y cuanto te quería
quisiera morir...
ahora... de amor
para que supieras...

Algunas noches de paz
si es que las hay todavía
pasando como sin mí
por esas calles vacías,
entre la sombra acechante
y un triste olor de glicinas
escucho una voz que canta
y que tal vez es la mía...

Quisiera morir...
ahora... de amor.
Para que supieras
como y cuanto te quería
quisiera morir...
ahora... de amor
para que supieras...

viernes, 18 de enero de 2008

Quemar las naves y el Sur...

Hoy por la mañana, caminando por la orilla del mar, me encontré con este mensaje dentro de una de las tantas botellas que siguen llegando a la costa. Parece que viene de Brasil... la botella aún conservaba la etiqueta "Velho Barreiro"...

"Sabés cuando el alma te pide a gritos que abras un Benedetti, que hagas un mate y que escuches a Zitarrosa bien bajito, porque si no se muere de tristeza?" (Beatriz)


America Invertida , 1943 (“Nuestro norte será el Sur”)
Joaquín Torres García
Museo Torres García (Ciudad Vieja, Montevideo, Uruguay)


QUEMAR LAS NAVES
(Mario Benedetti)

El día o la noche en que por fin lleguemos
habrá que quemar las naves

pero antes habremos metido en ellas
nuestra arrogancia masoquista
nuestros escrúpulos blandengues
nuestros menosprecios por sutiles que sean
nuestra capacidad de ser menospreciados
nuestra falsa modestia y la dulce homilía
de la autoconmiseración

y no sólo eso
también habrá en las naves a quemar
hipopótamos de wall street
pingüinos de la otan
cocodrilos del vaticano
cisnes de buckingham palace
murciélagos de el pardo
y otros materiales inflamables

el día o la noche en que por fin lleguemos
habrá sin duda que quemar las naves
así nadie tendrá riesgo ni tentación de volver

es bueno que se sepa desde ahora
que no habrá posibilidad de remar nocturnamente
hasta otra orilla que no sea la nuestra

ya que será abolida para siempre
la libertad de preferir lo injusto
y en ese sólo aspecto
seremos más sectarios que dios padre

no obstante como nadie podrá negar
que aquel mundo arduamente derrotado
tuvo alguna vez rasgos dignos de mención
por no decir notables
habrá de todos modos un museo de nostalgias
donde se mostrará a las nuevas generaciones
cómo eran

parís

el whisky,

claudia cardinale.


Esta voz - Alfredo Zitarrosa

"...En fraguas de cristal la he depurado,
en escalas marinas o en naufragios.
La templé en el huracán de amarga ausencia
y mi sangre, glaciales de guijarros.
La haré camino algún día del sueño ausente,
las alas de tus pupilas lo verán siempre.

Cuando te siembre la vida
un tamborcito en el vientre
la haré rebozo de nubes
con flecos de soles tenues..."


Yo no se si vendrán nuevas botellas con mensajes como el que envió Beatriz. Solo se que sigo creyendo en las utopías, en las viejas y en las que aún nos quedan por inventar. Dice también un amigo que habita en tierras lejanas, que últimamente entrar a El Gato le pone demasiado triste. Pido perdón. Será que en este tiempo de caracol, (por suerte ya pasado o al menos eso creo) era todo cuanto tenía por decir. Mientras tanto... seguir remando sabiendo que "no habrá posibilidad de remar nocturnamente hacia otra orilla que no sea la nuestra". Y si no hay faros que nos guíen, habrá mil fogatas en la costa hechas por la gente. Porque la gente, siempre está. Que así sea.

viernes, 3 de agosto de 2007

"Desexilios" de Mario Benedetti y Alfredo Zitarrosa

A comienzos de 1985, mientras empujábamos a la dictadura, los uruguayos nos convertimos en peregrinos permanentes entre el centro de Montevideo, el Aeropuerto de Carrasco y los penales de Punta Rieles y Libertad. La liberación de cada compañero preso era motivo de fiesta. Verlos salir con sus pocas pertenencias a cuestas, caminando primero… corriendo desesperadamente después hasta la ruta, desde donde los saludábamos agitando las banderas…

Mientras tanto, los exiliados volvían en bandadas. Tamboriles, banderas, bombo, platillo y redoblante para recibirlos en el aeropuerto.
Formábamos largas caravanas en busca del abrazo mientras nos lamíamos las heridas aún frescas.

Recuerdo el recibimiento a Zitarrosa y aún hoy me emociono... Alfredo fue uno de los primeros en retornar al país. Fue en marzo de 1984, con la dictadura ya herida de muerte.
Autos, bicicletas, motos, camiones, carros tirados por caballos, gente a pie... el pueblo salía a recibir a su cantor.
Un día recibimos la noticia largamente esperada. Regresaba del exilio el entrañable Mario Benedetti. Si no recuerdo mal, volvía junto al elenco del Teatro El Galpón y a Daniel Viglietti, quien desde el aeropuerto mismo, se fue al Estadio Luis Franzini para realizar un concierto histórico. A los pocos días de su retorno, un grupo de compañeros que habían estado exiliados en Noruega y Suecia me invitaron a su “primer asado de regreso”.
Lo que yo no sabía, era que Don Mario también estaba invitado. Esa noche pude confirmar que se puede ser más que grande... inmenso diría yo... y a la vez ser tan humilde. Nos contó que lo primero que hizo apenas llegado de regreso a Montevideo, fue subirse a un ómnibus y contemplar a través de las ventanillas a la ciudad y su gente. En una de sus primeras actuaciones junto a Daniel Viglietti en la Cinemateca de Fernández Crespo, Benedetti leyó su “Quiero creer que estoy volviendo”.

Ese día, confieso que no entendí la profundidad de lo que estaba escuchando. O mejor dicho, lo que nos estaba diciendo Don Mario.
Pasado el tiempo, lo fui entendiendo... no sin tristeza.
Nosotros, los pendejitos de entonces, la generación del silencio, los que resistimos al fascismo desde adentro mismo de sus entrañas, los que no dejamos un solo día de combatir a la dictadura... todos nosotros lo fuimos entendiendo de a poco.
Cuando muchos dirigentes políticos, sindicales y sociales volvían del exilio a ocupar sus “sillas” nuevamente por el solo hecho de haber estado exiliados... Don Mario nos decía al oído:

“…me fui menos mortal de lo que vengo
ustedes estuvieron / yo no estuve
por eso en este cielo hay una nube
y es todo lo que tengo…

nosotros mantuvimos nuestras voces
ustedes van curando sus heridas
empiezo a comprender las bienvenidas
mejor que los adioses …
todos estamos rotos pero enteros
diezmados por perdones y resabios
un poco más gastados y más sabios
más viejos y sinceros… "

Alfredo Zitarrosa, además de ser el más grande de todos los cantores uruguayos, tuvo que ahogar en un vaso permanente sus tristezas de exilio. Decía Alfredo en un fragmento de su inolvidable Guitarra Negra “...Hago falta. Yo siento que la vida se agita nerviosa si no comparezco, si no estoy. Siento que hay un sitio para mí en la fila, que se ve ese vacío, que hay una respiración que falta, que defraudo una espera. Siento la tristeza o la ira inexpresada del compañero, el amor del que me aguarda lastimado. Falta mi cara en la gráfica del pueblo, mi voz en la consigna, en el canto, en la pasión de andar, mis piernas en la marcha, mis zapatos hollando el polvo. Los ojos míos en la contemplación del mañana. Mis manos en la bandera, en el martillo, en la guitarra, mi lengua en el idioma de todos, el gesto de mi cara en la honda preocupación de mis hermanos.”

Por todo eso, quise juntarlos. Las milongas de Alfredo, “Volver” de Mario Benedetti y una tangués-murguera llamada “Retirada” de Jaime Roos(*), un himno de aquellos años.
Una combinación lacrimógena… si las hay.




Las fotos de Mario Benedetti pertenecen al documental "Palabras verdaderas".
(*) Bo' Jaime... mirá que te pongo junto a don Mario y a Zitarrosa, eh? Aunque hayas votado al Hugo y por extensión a Sanguinetti... igual seguís siendo uno de los más grandes y no me jodas con que el arte no tiene nada que ver con la política... no jodas Jaime con eso... mirá que sigo siendo profundamente brechtiano... y como decía el Flaco, "soy un dinosaurio en el siglo de las máquinas". He dicho.



miércoles, 27 de junio de 2007

1973 - 2004 A 34 años del golpe de estado...


"Hago falta... Yo siento que la vida se agita nerviosa si no comparezco, si no estoy...

Siento que hay un sitio para mi en la fila, que se ve ese vacío, que hay una respiración que falta, que defraudo una espera...

Siento la tristeza o la ira inexpresada del compañero, el amor del que me aguarda lastimado...
Falta mi cara en la gráfica del pueblo, mi voz en la consigna, en el canto, en la pasión de andar, mis piernas en la marcha, mis zapatos hollando el polvo. . .

Los siete ojos míos en la contemplación del mañana...

Mis manos en la bandera, en el martillo, en la guitarra... mi lengua en el idioma de todos, el gesto de mi cara en la honda preocupación de mis hermanos..."


Guitarra negra - Alfredo Zitarrosa

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viernes, 19 de enero de 2007

Alfredo Zitarrosa... la milonga sangrante.

Desde su muerte, al amanecer del 17 de enero de 1989, no pude volver a escuchar sus discos hasta hace poco tiempo atrás. No podía soportarlo. Su voz, el sonido de sus guitarras... todo me hacía daño. Y más lo hacía desde que yo había salido del Uruguay. Hoy no solo disfruto del reencuentro con ese viejo compañero, también continúo descubriendo cosas en él, en su canto, en su mística. Siempre tuvo fama de serio, cosa que por otra parte lo era, pero me llamaba la atención que lo tildaran de hosco. No podía y seguramente no debió serlo. Un hombre que logra convertirse en la voz de todo un pueblo, tenía que ser capaz de sentir mucha ternura por el prójimo, tal como lo expresaba en su canto. Fue el cantor de todos. Sin excepciones. Enamoraba a las muchachitas y a las señoras en sus comienzos con “Milonga de ojos dorados” o con “Milonga para una niña”. Le cantaba a los cañeros del norte, a sus sufrimientos. Llenaba de esperanza la vida de los trabajadores rurales, de las prostitutas, los milicos de pueblo, los obreros y hasta de las amas de casa con aquello de “Doña Soledad... póngase un poco a pensar”. Cuentan algunos compañeros que en la época de la dictadura, mientras estaban presos, se sorprendían al escuchar a sus carceleros silbar alguna melodía de Zitarrosa. No se salvaba nadie. Nos llegaba a todos...

De mi infancia tengo el recuerdo de una noche en particular. Elbia, mi segunda madre... trabajaba en casa desde hacía un montón de años, había ayudado a criar a mi vieja y luego siguió conmigo y mis hermanas. Me llevaba a pasar algún fin de semana a su casa, allá en el proletario barrio del Cerro, más precisamente en la Avenida Grecia y Carlos Ma. Ramírez. Eran tiempos de luchas obreras y el Cerro estaba a la vanguardia de todas ellas. Mientras "el Rodney" Arismendi en el parlamento interpelaba al ministro de la época, los trabajadores del Frigorífico Nacional iban a la huelga. Entre ellos, Floreal... un hermano de Elbia. Sin querer... así... sin quererlo me fui impregnando de toda aquella buena gente obrera, trabajadora, solidaria, luchadora... Una noche, estábamos mirando televisión y había que hacer silencio, a esa hora comenzaba un programa musical llamado Discodromo, conducido por Rúben Castillo donde hacía su debut un tal Zitarrosa. Recuerdo su figura delgada, vestido con traje negro, camisa blanca y corbata oscura, impecablemente peinado a la gomina. También recuerdo la cara de las mujeres de la casa mirando embobadas la pantalla chica. Era el debut en la televisión de quien luego llegaría ser el más grande cantor popular uruguayo. Alfredo rompió con la hegemonía que hasta ese momento ejercía el folclore que nos llegaba desde Argentina, el que le cantaba al amor, al paisaje y a la nostalgia. Zitarrosa llenó de contenido sus canciones. Le cantó al amor como nadie, pero también le cantó al desamor, a la injusticia, a “la vida y sus vicisitudes” como a él le gustaba decir. Componía sus canciones pensando su música en tres guitarras y un guitarrón, lo que llevó a identificar el estilo Zitarrosa. Editó varios discos y se transformó en un fenómeno de ventas. Competía con la música que venía del exterior, pero les ganaba por paliza, incluyendo a Los Beatles. Cada disco de Alfredo se convertía en disco de oro. En 1971 adhiere públicamente al Frente Amplio, una fuerza de izquierdas que surgía de la necesidad de unirse para confrontar con los partidos de la derecha oligárquica, latifundista, ganadera y reaccionaria. El 27 de junio de 1973, el país entraba en su noche más larga. Los militares llevaban a cabo el golpe de estado que venían anunciando desde tiempo atrás, apoyados por la misma oligarquía criolla y la embajada norteamericana. Se quebraba así la tradición democrática uruguaya. Hacía un tiempo ya que Zitarrosa era censurado en las radios y la televisión. Los tres años que precedieron al golpe de estado, había sido prohibida toda difusión o actuación de actores, escritores, músicos... la cultura entera tuvo que exiliarse. Para los militares, cultura era subversión. Alfredo no tenía opción. Partió en 1976 hacia Argentina y se transformó así en uno más, de los miles de uruguayos que pasaron a tener una nueva profesión... exiliado político. Grave error el de la dictadura. Alfredo no les dio un minuto de tregua. Primero desde Buenos Aires, donde convocaba multitudes, luego en Madrid, España y finalmente en Méjico denunciaba a través de su canto y su mensaje a los torturadores y asesinos, a los verdaderos culpables de tanto sufrimiento. Sus discos fueron guardados como el mejor de los tesoros por el pueblo. El sólo hecho de escucharlos, aunque sea con el volumen bien bajito, era un símbolo de rebeldía y resistencia. Su canción Adagio a mi país, era tan pero tan triste, que él mismo confesó tiempo después en una entrevista, que había llorado amargamente mientras la componía. Al mismo tiempo, el pueblo uruguayo seguía resistiendo. Las cárceles y los centros de tortura se llenaban continuamente de hombres y mujeres dispuestos a dar la vida si era necesario. Muchos de ellos hoy continúan desaparecidos. Alfredo seguía componiendo y arroja al rostro mismo de la dictadura, su composición quizás más importante, Guitarra Negra. Una radiografía exacta del país. Una denuncia acerca de la tortura y la muerte, pero también un mensaje esperanzador, anunciando el regreso de la democracia.
Por aquel entonces, la única forma de esquivar la censura y oír la palabra de nuestros dirigentes políticos exiliados era escuchar a través de Radio Moscú el programa de Rodney Arismendi ó los sábados de tardecita, desde la antigua Checoslovaquia, por Radio Praga, el programa del ex-senador también comunista, Enrique Rodríguez comenzaba con los acordes de Adagio a mi País de Zitarrosa. Escuchar las guitarras y emocionarse, era un todo. El pueblo seguía empujando y empujando. Finalmente a comienzos de 1984, Zitarrosa es uno de los primeros exiliados políticos en regresar al país. Una multitud salió a las calles de Montevideo para recibir a su cantor. La caravana que se formó de autos, camiones, motos, bicicletas y hasta carros tirados por caballos, abarcaba varios kilómetros de largo. Su primera actuación tras el regreso, congregó a una multitud en el Estadio Centenario la noche del 31 de marzo de 1984. Recuerdo particularmente que en medio del espectáculo se cortó la energía eléctrica. Quedó todo a oscuras. La dictadura se estaba despidiendo. El corte habrá durado cerca de 30 minutos. No podíamos irnos, no lo iban a lograr. Así que empezamos a cantar consignas contra el régimen desde la tribuna. Primero fueron unos pocos, luego el Estadio entero. Por esa época aprovechábamos cualquier cosa para manifestarnos. Se habían acabado 11 años de silencio. Al volver la luz, Alfredo siguió con su espectáculo. Él tampoco se había ido. El pueblo y su cantor, ahora sí, juntos y para siempre.

Tras su regreso y por esas cuestiones de la vida, nos convertimos en vecinos, allá en Malvín. Primero vivió unos días en casa de sus suegros, luego compró una casa en la calle Aconcagua, si mal no recuerdo. Finalmente, cuando se separó de su mujer, compró un apartamento en la planta baja de un edificio recién construído en la calle Almería a la vuelta de la playa. Por ese entonces yo vivía en Almería y Yacó, frente al bar de José y Batista. Un bar donde al decir de Jaime Roos, paraba la vida. Si bien Alfredo era habitué del bar La Red en la calle Orinoco, varias veces coincidimos en lo de José. Pude comprobar, porque así lo dijo, que el exilio lo había cambiado. Pero yo lo veía triste. Con la tristeza de los grandes. En ese mismo bar se disputaba un campeonato de Truco, un juego de naipes muy popular en Uruguay. Se juega en parejas y está permitido mentir. Un amigo y yo nos enfrentábamos a Alfredo y no recuerdo bien ahora quien era su pareja. Nos ganaron por paliza. Mi amigo estaba enojadísimo conmigo. Lo que sucedió fue que era tanta mi admiración por Zitarrosa que jamás imaginé que un tipo así podía mentir. Esa noche vi reír a Alfredo como nunca. Al mismo tiempo, seguía escribiendo canciones, editó Melodía Larga y Milonga del Alma. Publicó un libro, “Sobre pájaros y almas”. Recuerdo que estaba apurado por presentarlo. Mal síntoma, pensé. Ya estaba enfermo. Su reencuentro con el alcohol, su separación, todo hizo que Alfredo se descuidara. Lo encontré un día a la salida del supermercado en Almería e Hipólito Yirigoyen con dos botellas de whisky en la mano. De gabardina y pantuflas, sin afeitarse desde hacía varios días, despeinado. Justo él que había cuidado y preservado su imagen como pocos. Pero tenía derecho. Se lo había ganado. También tenía derecho a morirse... y se nos murió el 17 de enero de 1989. Su entierro volvía a congregar a una multitud, pero esta vez lo despedíamos para siempre. El cuerpo fue velado en la institución teatral “El Galpón”. Cuando salí para ir al entierro, al pasar por su casa, ya algún vecino había puesto un ramo de flores en su balcón. Finalmente, el féretro envuelto en la bandera uruguaya comenzaba su viaje al cementerio Central y sucedió lo que tenía que suceder. Alfredo fue tomado por la multitud y llevado por ella. No podían ser otros los que lo llevaran... los trabajadores, estudiantes, hombres y mujeres del pueblo... los siempre olvidados, los nunca reconocidos, eran ellos los que llevaban a su cantor en ese viaje final. Lo pasaban de mano en mano, cantando “Alfredo, amigo, el pueblo está contigo”. Llenándolo de flores rojas... tan rojas como sus milongas sangrantes. Al llegar al cementerio, los compañeros de la UJC había pintado un mural con una leyenda. “Alfredo... la milonga está llorando.” Yo también. Alfredo, simplemente gracias... Compañero. Tu pueblo, que no te olvida.

Esta grabación pertenece a la última etapa de su exilio. Proveniente de Méjico, Alfredo estuvo unos meses en Argentina esperando el momento para cruzar a Montevideo.



Milonga para una niña, fue su primer gran éxito. (1966)



Una de sus mejores canciones... al menos para mí.



Su última grabación... este texto pertenece a uno de los cuentos publicados por Alfredo en su libro "Sobre pájaros y almas". Sabedor de su enfermedad... huele a autobiografía y despedida.