Aquella madrugada del 20 de agosto del ’69, me quedé dormido antes del alunizaje. Cuando Neil Amstrong comenzó a bajar escalón por escalón, mi padrino... el viejo Scasso me despertó diciéndome algo acerca de aquel momento histórico. Mis apenas nueve años me impedían entender la importancia de aquel evento. Después de todo, en las revistas que Elbia me compraba en la peluquería de Luisito, allá en Asencio y Cuaró... mis superhéroes iban y venían de la luna a la Tierra como si tal cosa... Mientras Amstrong y Aldrin daban saltitos sobre la superficie lunar, mi padrino apagó la tele, me tapó y como hacía todas las noches... mientras me acariciaba la cabeza comenzó a canturrear aquel tango de Gardel...
“En un viejo almacén del Paseo Colón donde van los que tienen perdida la fe, todo sucio, harapiento, una tarde encontré a un borracho sentado en oscuro rincón. Al mirarle sentí una profunda emoción porque en su alma un dolor secreto adiviné y, sentándome cerca, a su lado, le hablé, y él, entonces, me hizo esta cruel confesión. Ponga, amigo, atención...”
Será por eso que en ciertas noches, cuando miro al cielo... se me vienen como torrente aquellos recuerdos del viejo Scasso, aquel tango y esta luna lunera...
Anoche mientras observaba los techos de Montevideo por la ventana de la casa de mi hermana Cecilia, alla arriba bien arriba... estaba la luna lunera.
Ay luna lunera... luna montevideana, luna companera de tantas noches.
Y me puse a escuchar a Chavela Vargas... Luz de luna.
La luna y Chavela me acompanaron en noches en las que me iba enfermando de nostalgia de a poquito. En noches de Atlanta y de Denia, donde la luna se viste de valenciana y uno se queda como un nabo mirando al cielo.
Mi enfermedad hizo que en noches de luna llena como la de anoche, le recitara poemas de Falco.
Anoche fue distinto.
Anoche senti que me estaba curando.
Anoche, mientras Chavela cantaba como ninguna... esa misma luna lunera me sonreia.
Observar la luna, escuchar a Chavela y en Montevideo.
Otro huequito que se tapa.
Aunque sea la misma cancion.. la misma luna.
Ay luna... luna lunera.
Para que yo me llame Angel González (Voz del propio Angel Gonzalez/Música Manolo García)
Para que yo me llame Ángel González, para que mi ser pese sobre el suelo, fue necesario un ancho espacio y un largo tiempo: hombres de todo el mar y toda tierra, fértiles vientres de mujer, y cuerpos y más cuerpos, fundiéndose incesantes en otro cuerpo nuevo. Solsticios y equinoccios alumbraron con su cambiante luz, su vario cielo, el viaje milenario de mi carne trepando por los siglos y los huesos. De su pasaje lento y doloroso de su huida hasta el fin, sobreviviendo naufragios, aferrándose al último suspiro de los muertos, yo no soy más que el resultado, el fruto, lo que queda, podrido, entre los restos; esto que veis aquí, tan sólo esto: un escombro tenaz, que se resiste a su ruina, que lucha contra el viento, que avanza por caminos que no llevan a ningún sitio. El éxito de todos los fracasos. La enloquecida fuerza del desaliento...
Angel González (Oviedo 1925-2007) (Voz del poeta - Música: "Pájaros de barro" de Manolo García)
Hoy, a las 23 horas de cierto viernes de este casi invierno, con una luna tan pero tan llena y tan pero tan alta... como aquella a la que también en una noche como ésta pero allá... en el Sur del alma, nuestro Líber Falco le escribiera aquella carta de amor...
“Tan perfecta y blanca. Tan alta! Tan lejana y blanca. Lejos de la muerte, y de la vida lejos. Lejos de los llantos. De las risas, lejos. Tanto! No sabe esta luna cómo todo es triste. Cómo es bello el mundo y la misma muerte acaso, acaso, es volver sin irse. Sola arriba, sola. Tan perfecta y blanca. Tan alta!Tan tejos de todo!
Nada arriba, nada. Ella sola y nada.”
Entonces vuelvo, otra vez y ya me estoy acostumbrando a volver. No me interesan, no me importan, no me asusta que alguien me pregunte porque no entiende, porque no sabe, porque no le importa... La luna y los tejados me protegen en noches como esta. Y si antes fue el viejo Jhonny Cash quien me cuidaba en noches de hospital, esta vez convoqué a mis viejos fantasmas. Una vez más acudieron... ellos nunca fallan. Aunque uno note que están más viejos, que sus pasos son cada vez más lentos, que su fatiga aumenta con los años... ahí están... ahí vienen... mis viejos y queridos fantasmas. La misma noche en que lancé una botella al mar con mensaje dentro, pidiendo que fueran a abrazar a Macunaíma en la presentación de “La bufanda del aviador”... justamente esa noche me encontraba ingresado una vez más en el hospital de Dénia... Ah... corazón ajado... Fueron 8 días con sus noches enteras... entre cortinas blancas, sábanas blancas, uniformes blancos, luces blancas... pero entre tanta blancura, por las noches... la Señora Otra se vestía de negro. Y vaya que se vestía de negro... Cómo no! No hubo una sola noche, no... no la hubo... en que no muriera alguno de los que allí estábamos. Porque uno ahí, se muere de a poquito. Aunque las medicinas, el afecto de los seres queridos, la mirada de tus hijos, la caricia de tu mujer... todo eso al final te saque de ahí dentro... uno ya no es el mismo. Ya no podrás ser el mismo de antes. Tanto dolor... tanta muerte... Y ahí es cuando acudían ellos. Mis amigos... un ejército de locos, poetas, perdedores, desconsolados... mis amigos. Mis viejos fantasmas... Una tarde de esas en los que entre medio de tanto valium me puse a escuchar Radio Nacional de España (rne), me pareció oír la voz de Angel González... Justamente se está por cumplir el primer año de su no-vida. Y sí.... era ese viejo poeta asturiano, militante de la vida, borracho y tierno como nadie... diciéndome a través de los auriculares: “...un escombro tenaz, que se resiste a su ruina, que lucha contra el viento, que avanza por caminos que no llevan a ningún sitio. El éxito de todos los fracasos. La enloquecida fuerza del desaliento...” Uno más de mis viejos fantasmas que acudía a mi encuentro. Yo... que creo y mucho en los gestos... lo disfruté tanto... y una mueca que sí quería ser sonrisa... y una lágrima que no quería ser llanto... Me dije entonces que si bien no había podido estar aquella noche donde la poesía llenó el cielo de Montevideo a través de aquel aviador... era ella, la poesía y eran ellos... los poetas, los que venían hasta Dénia para poder darnos un abrazo como solo dos viejos compañeros de vida pueden darse. A todos mis hermanos de vida... mi mejor abrazo entonces. Dicen que solamente aquellos que han tenido un infarto pueden sentir este tipo de tristeza. Que el llanto viene solito... basta con dejar de ser caracol y salir un rato del caparazón... Diga que uno está rodeado de tanto afecto... Me voy a dar una vuelta por los tejados... Ya se los dije, hoy la luna está llena... y aunque esté aquí en Dénia, a lo mejor tengo suerte y me llega el sonido de algún coro de murga entonando la retirada... Aunque yo, una vez más... vuelvo. Que así sea. Porque así será.
El Gato Utópico Dénia (cierta noche de otoño... a fines del año 2008)
(Las fotos fueron tomadas desde la terraza de casa. La luna brillando mientras el Montgó duerme acunado por ella...)
No... hoy no es la noche de San Lorenzo pero acabo de ver varias estrellas fugaces cayendo detrás del Montgó. Hoy comienza el verano en el hemisferio norte. Y el cielo de Dénia se vistió con todas sus estrellas posibles para festejarlo. Está preciosa la noche... Y allá en el Sur, lo opuesto. Esta será la noche más larga del año y con ella de la mano, hace su entrada el invierno. La noche... mágica noche para que me visite el Darno, mi querido Eduardo Darnauchans... el que anda plantando trigales allá en la luna y juntos recitarle algún poema de Falco a esa misma luna. A esa encabritada y compañera luna...
Vuelto a tu casa por la madrugada, con un portazo descortés y frío dejas la noche afuera, y te acuestas solo con tu pensamiento.
"Qué grande el mundo, y que pequeño, qué lejos los amigos, y que cerca"
Y sigues solo con tu pensamiento. Pero para dormir no lo precisas. Y puesto que es así, ¿por qué no duermes? ¡Duerme!
Luna (Líber Falco)
Tan perfecta y blanca. Tan alta! Tan lejana y blanca. Lejos de la muerte, y de la vida lejos. Lejos de los llantos. De las risas, lejos. Tanto! No sabe esta luna cómo todo es triste. Cómo es bello el mundo y la misma muerte acaso, acaso, es volver sin irse. Sola arriba, sola. Tan perfecta y blanca. Tan alta! Tan tejos de todo!
“Bienaventurados los que anoche miramos al cielo
porque nuestro será el brillo de la luna”
Nos fuimos con Tamara a la azotea para verla. Allá estaba ella, la luna.
Palideciendo, enrojeciendo de a poco.
En el edificio de enfrente se veían las ventanas iluminadas. Varios vecinos mirando la t.v.. “Papá... ni siquiera esto los mueve para mirar al cielo?” me dijo Tamara.
Como explicarle... iba a decirle “dejalos... son ellos los que se lo pierden” pero era romper la magia. Se me ocurrió decirle entonces “Bienaventurados los que esta noche miramos al cielo, porque nuestro será para siempre el brillo de la luna”. Fue ahí cuando mi hija me abrazó.
“Che papi, vos y yo siempre juntos, si?” Tiene razón...
Como cuando la primera nevada en Atlanta, o aquella vez que salimos a caminar mientras caía la nieve en Denia... volvía a nevar en Denia después de 25 años... y allá estábamos los dos, caminando abrazados bajo la nieve.
Tengo una imagen de la que jamás me olvidaré. Nos estábamos yendo de Atlanta hacia Nueva York para tomar el vuelo hacia Madrid. Mientras yo iba conduciendo la vieja Ford, atravesando medio EE.UU., se me cruzaban pensamientos de todo tipo. Sensaciones cruzadas, miedo de estar equivocándonos, incertidumbre por el futuro.
La carretera era una larga recta. Al ingresar al estado de Carolina del Norte miré por el espejo retrovisor.
Todos dormían desparramados en los asientos, cuando de repente me regalaste tu mejor sonrisa, tu mejor guiñada. “Va a estar todo bien en España, papi” me dijiste... Y ya no tuve más dudas. Aceleré confiado en el futuro.
Anoche también estábamos los dos juntos. Solo dedicidimos bajar cuando apareció el primer brillito plateado. Se estaba terminando el eclipse. Fue entonces cuando me acordé... hace casi 13 años atrás, yo le ponía esta canción a Tamara y ella, desde la panza de su mamá me respondía con algún movimiento. Seguramente, ese movimiento era baile, danza o simplemente un gesto. Como esas guiñadas que me regala cada tanto... Hija de la luna... Te quiero tanto...
“Callecita de adoquines que harán vibrar con sus cantos los negros de roncas voces los negros de duras manos. Tan duras como la vida de ese sur montevideano con sus rotos conventillos piezas de cuatro por cuatro donde se amontonan hijos y sueños casi castrados”
En Montevideo, cada noche de febrero es una fiesta. Los tablados que se extienden a lo largo y ancho de la ciudad reciben a miles de vecinos hambrientos de carnaval. Según pude averiguar, tenemos el raro orgullo de vivir el carnaval más largo del mundo. Un mes entero donde dios Momo se transforma en la máxima autoridad. Pero la noche de mañana es especial... es la noche de “Las Llamadas”. Los Barrios Sur y Palermo reciben orgullosos a una multitud que acude cada año, como en un rito ancestral a ver y participar del desfile de las comparsas candomberas. Esta fiesta recuerda a las tardes de domingo del Montevideo colonial, cuando los amos dejaban a sus esclavos juntarse un ratito... Allá salían los negros con sus tambores. Con el correr de los años se transformó en la mayor fiesta del candombe. El auge de las manifestaciones artísticas populares que se produjo en los últimos años en el Uruguay, hizo que el candombe se extendiera por todo el país. Hoy es común ver los domingos por la tarde desfilar cientos de tambores. Cada barrio tiene su propia escuela de candombe, su comparsa y su cuerda de tambores. Hasta Malvín... barrio de clase media... La Gozadera es su comparsa. Qué lindo nombre... Me acuerdo años atrás, cuando se juntaban frente al Michigan, allá en Orinoco y Río de la Plata... apenas algún tambor que otro. Hoy, La Gozadera no solo participa en las llamadas, además concursa en el Certamen Oficial del Teatro de Verano. Y en Denia? Ja! También tenemos comparsa. El Negro Michel y toda la banda se juntan los domingos en la playa a tocar los tambores mientras corre el 7 y 3 (7 litros de vino tinto y 3 de Coca-Cola). Hasta desfilaron en una muestra de teatro callejero... Con banderas, estrellas y vedette incluídas! Mientras los uruguayos aplaudíamos a rabiar, un español que estaba a mi lado me preguntaba si en Uruguay vivían muchos cubanos y brasileros... “Después te explico.” le dije... “ahora... dejame disfrutar” Qué orgullo che... que orgullo...
Pero esta noche es distinta... son Las Llamadas. Barrio Sur y Palermo se engalanan. La gente anda nerviosa preparando la fiesta. Cosiendo el último botón, la última lentejuela... aquel encaje... que nada falte. Y los negros templando los tambores. Será la primera Llamada sin Lágrima Ríos, pero estoy seguro que desde alguna estrella bajará un candombe lento... Porque hay gente que siempre estará... Cómo van a faltar esta noche a la cita Marta Gularte, Santiago Luz, Pirulo o la Negra Jhonson?
“...Al paso de las comparsas se vuelve un infierno el barrio de los gastados pretiles saluda el Palomo macho. La danza de Rosa Luna sobre el antiguo empedrado tiritar de escobilleros las lonjas vienen llamando y el enjambre de negritos Que son gorrioncitos pardos.”
Alguien puede decirme cómo no va a estar Rosa Luna? Porque cuando esta noche brille la luna blanca sobre el cielo montevideano... allá arriba... bien arriba... y aparezca su rostro pintado en ella... desde Carlos Gardel e Isla de Flores irá subiendo un sonido mágico... Chico, piano y repique. A pura lonja y madera.
“Cuando levanta el repique Se eriza el inquilinato Y es el grito de esta raza Que se trepa a los tejados Para cantar sus cantares Tan libre como los pájaros”
Para aquellos que no tienen idea de que es el candombe, esta grabación está tomada en pleno barrio Sur...