sábado, 14 de mayo de 2011

De reproches y reencuentros...

Marosa Di Giorgio... mi querida Marosa.

No... esta noche te lo pido por favor, no digas nada.
No podría soportar un solo reproche más.
Además yo también te podría llegar a decir algunas cosas y vos bien sabés de que estoy hablando.
Es cierto... te doy la razón pero antes dejame decirte que un día yo te hice una casa nueva, la llené de luz y planté uvas amarillas en tu nombre.
Pensé que te haría feliz y mirá vos como son de jodidos los pensamientos... los míos, digo.
Porque desde ese día no viniste más a mi encuentro.
Si yo no voy, vos no venís.
Y te extraño, tanto te extraño...
Extraño cuando venías volando con tu vestido verde.
Extraño tus enormes tetas y tu pelo rojo y tus uñas pintadas de negro y tu boca también roja... Era el tiempo de Dénia. Lugar de mar, sal y tumbas.
De cuando las naranjas lo llenaban todo. Como el Montgó lo sigue llenando todo.
Por eso te propongo, en esta madrugada de insomnio y lejanía... amémonos una vez más.
Como solo vos y yo sabemos hacerlo...
Ahogando tu orgasmo y el mío, en este vaso llenito de whisky y hielo...

gt (en algún de la sierra madrileña, a las 4:40 am)



Así que ese era el jardín de mandrágoras...
Voz: Marosa di Giorgio 
Música: Viernes 3:am (Charly García) por Liliana Vitale


Así que ese era el jardín de mandrágoras. Estaba allí y no me había dado cuenta.
Ese es el jardín de los ahorcados. Tironeé una mata, y sí, vi la raíz en forma de hombre.
Corrí, loca de terror, al interior de las habitaciones, de donde por cierto, nunca me había movido.
Así que ése era el jardín de los ahorcados.
Por cada ahorcado, una mata. Pero, hurgué en mi memoria y no había señas.
Busqué papel y pluma, mas los parientes demoraban tres años en contestar.
Di un grito y fue inútil. Corrí hasta el fichero, el armario, y sólo había cajas de dulce y quesos de color rosa, o celestes, cada uno con un ratón en el interior.
¿Los periódicos? Nunca trajeron nada verdadero.
Entonces, llamé a las empleadas: —Aline. Todas se llamaban Aline y tenían un par de alas minúsculas cerca del hombro.
Les dije: —Díganme, ¿es verdad que los ahorcaron?
Ellas se cubrieron el rostro, volaban, se deslizaban, sigilosamente, a ras del suelo.

Marosa Di Giorgio
(La flor de lis / Diadema)

La casa de Marosa... la que tiene uvas amarillas: http://lospoemasdemarosa.blogspot.com
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