martes, 29 de julio de 2014

Acerca de una canción, mi vecino y la soledad.



No recuerdo bien si de esto hace 10 ó 12 días. Lo cierto es que me sucedió hasta ahora mismo. Me pasaba que cuando quería acordarme de una canción de esas que te levantan el ánimo, cuando comenzaba a cantarla... zas! Se me olvidaba completamente la letra y sin querer terminaba cantando “será mejor que te mueras, mejor que te mueras al fin”.

Justo ahora estoy viendo irse a mi vecino.
Mi vecino es un tipo raro. Buena gente, eh? Pero un poco raro...
Desde hace un par de días vive solo. Lo dejó su pareja.
Antes no teníamos una comunicación digamos... muy fluida que digamos.
Apenas un –buen día, cómo estás?- o –cúanto te vino en el recibo de la electricidad?-
Pero pasó algo que nos unió ya para siempre.
Ocurrió una mañana, fue hace dos meses atrás.
Desde mi casa pude escuchar que golpeaban su puerta. Me acerqué y pude ver por la mirilla que había cuatro personas paradas delante de la puerta de mi vecino. Éste les abrió y no pude resistirme a escuchar la conversación.
A esta altura del relato no interesa demasiado en qué consistió pero sí me parece justo decir que dos de ellos eran policías, un hombre calvo que dijo ser abogado y una señora que parecía ser la administradora del complejo donde vivimos.
Vamos... que le dijeron que tenía 15 días para llevarse sus cosas y dejar el departamento vacío.
Eso no es lo verdaderamente importante porque aquí casi todos estamos en la misma situación.
Lo realmente preocupante, lo dramático es lo que comenzó a sucederle a mi vecino, cambiándole dramáticamente su vida.
Día a día, noche a noche.
A los pocos días de recibir la ingrata “visita” que acabo de contarles, su pareja le dijo que quería separarse.
Tampoco voy a entrar en muchos detalles. Es más... él tampoco me contó mucho acerca del asunto.
Solo algunas cosas tales como que él seguía enamorado de ella como desde el primer día, que había soñado salir de este pozo... así textual me lo dijo... salir de este pozo juntos, tener un trabajo, mudarse a Madrid.
Ella y él.
Codo con codo y espalda con espalda.
Pero no pudo ser. Ayer por la mañana vi por el ventanal como se abrazaban despidiéndose mientras otra persona subía maletas, bolsas y cajas al maletero de un coche.
Dejé pasar unas horas y aprovechando que yo iba al supermercado, con el pretexto de preguntarle si necesitaba algo golpee su puerta. Me abrió y me hizo pasar.
Se sentó en una de las pocas sillas que tiene en el comedor y comenzó a hablar mirando al suelo. Tenía los ojos rojos de haber llorado. Pero ya no lloraba. Su voz, a medida que avanzaba su relato, se volvía cada vez más firme. Me dijo que había tomado una decisión. Que mañana (o sea hoy) se iría y para siempre y que dejaría la puerta abierta para que yo me llevara lo que necesite de su casa.
Le pregunté a dónde pensaba irse y me dijo algo así como que se iba a un lugar desde donde no se puede regresar. No entendí muy bien, pero acaso importa?

Ahora anochece en la sierra de Madrid.
Lo estoy viendo a él, a mi vecino, fumando mientras espera el autobús.
Apenas lleva una bolsa de viaje colgada al hombro.
Poca cosa para una vida tan larga, pensé.
Tal vez no lo vuelva a ver nunca más o andá a saber.
Tal vez un día de estos también a mí me golpeen la puerta un abogado, la administradora y dos policías.
Tal vez un día de estos la mujer que amo me diga que se va.
Tal vez un día de estos también yo decida irme para siempre.

Volviendo a lo del comienzo, con este asunto de mi vecino olvidé contarles que era lo que me estaba pasando. Resulta que desde hace diez o doce días atrás, a mí también me pasaron cosas jodidas pero mejor me las guardo para mí... Entonces quería cantar alguna canción de esas que me levantaran un poquito el ánimo... como por ejemplo esa que le escribió Goytisolo a su hija y la canta Paco Ibáñez... ya está!
Me acordé... Palabras para Julia se llama. Esa que dice cosas tan esperanzadoras como “...la vida es bella ya verás, como a pesar de los pesares, tendrás amigos, tendrás amor, tendrás amigos...”  pero la cuestión es que en ese momento, no la recordaba.
Es más, mirá... cuando empezaba a cantarla sentía como si se me hiciese un nudo en el pecho y se me olvidaba la letra.
Pero entonces se me aparecía otra canción... Una de Eduardo Darnauchans que dice así...
"será mejor que te mueras
mejor que te mueras, al fin.”(*)

(*) Dylaniana (fragmento) de Eduardo Darnauchans.-